Friday, March 26, 2010

Los primeros meses juntos...


Vivía en Marbella y Talisman estaba en una bonita cuadra en Torremolinos. Iba todos los días a montarle, después del trabajo, directamente sin pasar por casa. No me costaba ningún esfuerzo ya que el sueño de una vida se acababa de realizar.

Talisman era (y es) tan fuerte y nervioso que era difícil mantenerle a raya. Era imposible cansarle, por mucha cuerda que le diera antes de subirme a la montura, y por mucho que le dejara correr. Así que hablé con Antonio y le pedí que le montara el un par de veces por semana, antes que yo llegara del trabajo. Pensaba que así se calmaría un poco, pero me equivocaba: estaba cada vez más fuerte y cabreado con el mundo.

Le sacaba al campo y se asustaba de todo. Yo me ponía nerviosa y el lo notaba. Un círculo vicioso. Así que intenté tranquilizarle cantandole. Sí. Yo. Cantandole. Le cantaba las viejas canciones napoletanas, "serenate" que me estrujaban el corazón pensando en mi País. Cuanto más le cantaba, más notaba como sus orejas se giraban para escucharme y sus pasos eran menos nevroticos. Así que el cante "fronda 'e limone" de "Scapriccatiello" me ayudó a quitarle los miedos a las bolsas de basura y los coches. Primer logro.

Talisman se iba poquísimo a poquísimo entregando, iba cogiendo confianza en mi y demostraba no apreciar el ser montado por otras personas. Hombre o mujer que fuera.

Una tarde que le tocaba se montado por Antonio primero, llegué a la cuadra y le preparé para salir. Noté que cojeaba. Pregunté si había pasado algo y me dijo Antonio que había salido muy fuerte, quizás se había doblado una mano, pero que no me preocupara. Al día siguiente no cojeaba... pero al otro día sí.

Siguió cojeando a días alternos y no sabía que hacer. Finalmente unas semanas despúes, me decidí a llamar un pareja de jovenes veterinarios (Fernando Arigón y Montse). Les hicieron un montón de pruebas y el resultado me dejó de hielo: tenía cortes en 3 tendones de la mano, por un total de 3 centímetros. Era casi impósible salvarle. Tenía 6 años y medio, toda la vida por delante y no estaba enfermo. Jamás habría dejado de ayudarle a ponerse bueno de nuevo. Nadie creía en lo que el buen Fernando me iba aconsejando, todos me decían que era un caso perdido, que nunca habría vuelto a caminar, que era mejor lo dejara perder, estaba malgastando mi tiempo...

Mañana y tarde le ponía una arcilla (Tendilax) envolviendole la mano primero en plastico y luego con una venda normal. A la tarde, le quitaba la venda y le ponía ducha fría. Y otra vez el Tendilax. Mientras tanto reposo absoluto. Casi cada mes Fernando le hacía una ecografía y en poco tiempo Talisman cicatrizó. Así pude empezar a hacerle pasear 5 minutos al día durante 1 semana. Fernando volvía y me daba permiso para 10 minutos en la segunda semana; luego 15 minutos, y 20 y 25... En esos meses de paro total, me compré un librito sobre como masajear a los caballos. Al pobre le hacía de todo, nunca ha estado tan limpio y tan manoseado en su vida como en esas semanas.

Fernando vino a la sexta semana para la ecografía y para verle caminar. A los 15 minutos me dijo ponerle la montura. Se la puse y me dijo: "te lo aguanto y te subes?". Le dije, casi indignada, que no hacía falta que le aguantara, que confiaba en mi caballo. Recuerdo perfectamente que puse el pie en el estribo y el giró la cabeza para ver lo que estaba haciendo, entendió que iba a subirme y se quedó quieto. Lentamente me subí y me asenté en la silla. Recogí las riendas rezando a todos los dioses para que no hiciera el loco como de costumbre: sabía que si cometía un error me jugaba su vida. Dió un paso y salió en passage, bajo los ojos incrédulos del veterinario. Lo paré inmediatamente aterrorizada y lo puse al paso. Fernando no podía abrir más la boca por el magnifico passage que Talisman nos había ofrecido a todos. Yo lloraba de la emoción.

Así estuvimos el siguiente mes, al paso y muy tranquilos durante 30 minutos al día. La rehabilitación duró 9 meses. Meses en los que Talisman y yo comprendimos que eramos más que Caballo y Jinete. Erámos amigos.

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Friday, March 19, 2010

¿Porqué los españoles?

Todo empezó cuando en Fieracavalli (Verona) vimos la representación de la cuadra Los Ojos Azules, del Conde Guido Guidi, de Parma. Aquello me impresionó de verdad, y mi madre me regaló dinero para poder ir a esa cuadra, durante las vacaciones para aprender la doma clásica. Era una adolescente... y ellos no tenían programas para dar clases de esa forma. Así que me tuve que esperar.
Otra vez en Fieracavalli (la primera semana del mes de noviembre de cada año, durante 4 días, en Verona, merece la pena). Esta vez era 1993. Con mi fiel amiga Elena, nos estabamos paseando por todos los rincones de la feria cuando vimos un puesto de sombreros de todo tipo. En el norte de Italia, en invierno hace frío, y un gorro siempre viene bien. Había uno negro, parecía un sombrero cordobés. No me pude resistir y me lo llevé puesto. Continuamos nuestro paseo, cuando un hombrecillo, más feo que pegarle a un padre, montado en un estupendo caballo tordo, rodeado de gente, me llama en una especie de italiano y me dice: "niñaaaaa!!! Llevas un sombrero cordobés! ¿Te gustan los caballos españoles?".
Ese hombre menudo y gracioso era Ventura Suarez Fernández, un sevillano afincado en un pueblecillo cerca de Como que importaba y domaba caballos españoles para luego venderlos a precio de oro a los italianos pijos. Me invitó a ir a su cuadra un fin de semana; vivía a 200km, pero fui. Era mi ocasión.
Empecé así a aprender algo de doma clásica. Muy poco. Empecé a ir un fin de semana al mes, teniendo verdaderos cursos intensivos... conocí a una persona que no tenía que haber conocido y al poco tiempo me mudé a España. Mi proposito era el de tener MI caballo español. Cosa que en Italia era impensable, dado el coste para mantenerlo bien en una cuadra.
Con mis padres y los perros nos mudamos a España. Era noviembre 1994...

Thursday, March 18, 2010

Mis comienzos...

Desde que tengo memoria, los caballos han sido el centro de mi atención. Recuerdo que, en casa de mi abuela, cabalgaba como podía mi cama, jugando a algun episodio de la serie "Sandokan, el tigre de Malaysia". Ahora que lo pienso, algunos de los estilos del Pencak Silat vienen de Malaysia... Enfin, que no tengo bien claro si yo era Sandokan galopando al rescate de La Perla de Labuan o si personificaba La Perla de Labuan anelando la ayuda de Sandokan. Lo seguro es que, en mi fantasía, cabalgaba un magnifico caballo blanco. Recuerdo a mi tía, la zia Lella, que, antes de enfermar oficialmente, me dijo: "algún día te regalaré un caballo". Pensando de se trataba de uno de juguete, le pregunté y me contestó que no sería de madera, sino uno de verdad. La zia, poco después, murió en esa misma cama donde yo jugaba a cabalgar en la jungla del Sur Oeste Asiatico.

Algunos meses antes de cumplir los 6 años, mi padre decidió llevarme a una escuela para aprender a montar. En un principio, Katia, la maestra no quería, ya que la edad minima legal para empezar era de 6 años y yo no los había cumplido todavía, pero al ser bastante alta y tan emocionada con poder al fin aprender, accedió a aceptarme en su clase.

Me tenían que subir al lomo de Selvaggia, una vieja yegua castaña que Dios solo sabe a cuanta gente había enseñado a montar. Mis pies casi no llegaban siquiera al costado de ella: la montura era más larga que mis piernas. Tenía que parecer un monigote lo alto de Selvaggia! Estaba, como siempre, veraneando en la casa de la playa de mi abuela, en Viareggio, y ese verano poco me importaba ir a la playa: lo que quería era que los días que no tenía clase pasaran rápido.

Pasaron los años y mi pasión no mermó, al contrario, se hizo cada día más fuerte. Mi madre tuvo una caída muy fea en la que se fracturó un hombro. Aún no ha recuperado completamente la movibilidad de la articulación. Desde entonces sufre cuando me ve montar. El verla caer malamente, no me asustó ni me hizo planear ni un momento el hecho que la equitación podría ser un riesgo. Seguí.

En 1979, Rocco, el maestro de la cuadra donde iba, decidió que había llegado el momento de enseñarme a saltar. Aquel día estaba muy cansada, no recuerdo el porque, terminé mi clase normal y como premio Rocco me explicó como enfrentarme a un obstacúlo. Salté 3 veces, muy bien. Al cuarto obstacúlo... no recuerdo nada... la imagén que tengo es en blanco y negro, sin sonido, sentada en la cuadra y Rocco dandome un vaso de agua. Poco después estaba otra vez en la montura, ya veía los colores y oía a Rocco diciendome de deslizarme hasta tocar el hombro del caballo. Luego estaba en el coche de mi madre (pálida como un muerto) preguntandole por lo que había pasado. Por lo visto, se me olvidó apretar las rodillas y salí sobrevolando la cabeza del caballo. Aterrizé de cabeza. Dormí las 24 horas siguientes y al despertar ya estaba lista para volver a montar.

Los años pasaron, las caídas se repitieron. Algunas graciosas, otras estupidas. Participé en 3 cursos de verano con una amiga, Valentina, de 15 días cada uno. Lo pasabamos bomba: durante 2 años fuimos a Viareggio, en la misma cuadra donde había aprendido. Katia ya no estaba. Selvaggia había muerto hacía años. Mi abuelo, en aquel entonces aun compos sui, vivía en la ciudad y venía a verme todos los días. Que vibora era yo! Le saludaba y pasaba olimpicamente de el. Ni me sentaba a comer con el.

Con 14 años pasé el examen para "patente A2", un "permiso de conducir" que daba la posibilidad de participar en Cross Country y Caza al Zorro. Fue un curso muy interesante: daba nociones teóricas de como cuidar a un caballo, morfología, anatomía, primeros auxílios, practica, entretenimiento de los utensilios. Enfín, daba los conocimientos básicos que cada proprietario debería de tener. Seguí montando al estilo inglés hasta los 23 años, cuando entré en contacto con el mundo del caballo español.

¿Como? ...

Wednesday, March 17, 2010

Así empezó...

Talisman I de Martinez Boloix, hijo de Laborioso por Ocurrida. Nacido en Córdoba el 2 de Mayo de 1990 en una de las mejores ganaderias. Tordo vinoso. Noble, valiente y fuerte. Se crió hasta la edad de 3 años libre en la Sierra, con su madre y unos cuantos caballos más. Luego le cogieron y a fuerza de palos (se supone) le enseñaron a no confiar en la gente.

Al poco tiempo, encontró un niño que lo compró. Era un chico que, en aquel entonces, poco sabía de caballos, pero el padre le compró dos. Del mismo pelo, de la misma estatura. Uno bueno como el pan y el otro... Talisman.

El niño no se atrevía a montarlo, porque era muy nervioso. Por las palizas, temía muchas cosas. Era poco más que un potro y solo aguantaba la montura y el jinete. No sabia siquiera galopar de forma segura, ni para el ni para el jinete. El niño le tenía miedo y no se atrevía ni a entrar en su box para limpiarlo. Los expertos de la cuadra donde estaba, le llamaban (y le siguen llamando, acordandose de esos tiempos) "el hijo puta".

Un día, lo caballos que yo montaba, se los llevaron los dueños a otros lados y Antón, el jefe de la cuadra, me dijo que, si quería y se tenía agallas, podía montar Talisman. Tenía 6 años y fuerzas y ganas de correr. Dije que si, que no le tenía miedo, que podría con el caballo. Me dijo de sacarle solo al trote y de cansarle, si fuera posible.

Le saqué de su box. Le cepillé. Le puse su montura. No paraba de hablarle, ya que sabía que no era moco de pavo. Le dí un poco de cuerda y me subí. Desde luego que no era cosa fácil. Cada dos por tres, Talisman intentaba salir al galope loco que tenía: completamente tumbado en las curvas y sin frenos.

Le monté un día y otro día. Al tercer día, Antón me dijo que el dueño le vendía: necesitaba dinero y el niño no lo quería ni ver, le tenía miedo. Hablamos de precio y un par de días más tarde le entregué el dinero en metálico. No era poco, pero por el potencial que tenía el caballo me pareció una ganga.

Era principio de junio de 1996 cuando nuestra historia empezó oficialmente.

Para mi Talisman

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